La Defensoría y la toma de tierras: cómo superar un problema que parece imposible

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Guido Lorenzino*

Obelisco, manifestaciones a favor de las tomas de tierras en Guernica-20200929 FOTO: JUAN OBREGON

La situación puso sobre la mesa, con toda la fuerza de lo real, una problemática que late con pulso trágico en una sociedad cada vez más empobrecida... hay muchísima gente que no tiene un lugar digno donde vivir.

Las imágenes duelen: cientos de familias haciendo lo que pueden para recuperar sus cosas en medio del agua que dejó la lluvia, con padres y madres secando al sol sus ropas y las de sus hijos e hijas. Niños y niñas andando en el barro, entre el peligro de las chapas y fierros oxidados, y la certeza general de que todo ahí es frágil, que todo se puede perder en un segundo. El temporal de hace unos días pasó por Guernica y mostró la profundidad de un problema que empeora minuto a minuto. Por un lado, miles de personas atravesadas por la necesidad de un techo propio, circunstancia que se agravó durante la pandemia. Por el otro, las y los dueños de esas tierras, frente a la incertidumbre de saber qué va a pasar con aquello que les pertenece. 

 La toma en Guernica puso sobre la mesa, con toda la fuerza de lo real, una problemática que late con pulso trágico en una sociedad cada vez más empobrecida: hay mucha gente, muchísima, que no tiene un lugar digno donde vivir. Esta certeza es tal vez una de las heridas más grandes de una democracia que pareciera costarle llegar a quienes más lo necesitan

Estamos ante un caso en el que no hay vencedores ni vencidos, sino derrota por doquier: perdieron quienes tuvieron que sumarse a una toma para encontrar un espacio donde vivir; y perdieron también las y los dueños de esas tierras que ven cómo el esfuerzo y la seguridad que supone el respeto por la propiedad privada pueden quedar reducidos a absolutamente nada. Esto, sin lugar a dudas, nos lleva a pensar en el precariado, la emergencia de nuevas subjetividades. Vidas precarias para quienes el futuro es dolorosamente impredecible. 

Ante esta situación, la Defensoría del Pueblo bonaerense intervino con el objetivo claro de encontrar una solución integral, en la asunción de que no hay una única respuesta que pueda satisfacer las necesidades y las expectativas. Por ello, trabajar en la articulación y mediación es central. Frente al problema, generar robustez, músculo entre agencias estatales es indispensable. Es importante gestar conocimiento. Queremos saber cuáles son las necesidades y demandas de las personas que ocupan el espacio, y también garantizarles a las y los propietarios el resguardo de sus tierras. 

Desde que nos convocó la Suprema Corte de Justicia nos hemos presentado en el predio para hacer un trabajo pormenorizado y exhaustivo de recolección de datos, articulación con otros organismos, y para ponernos a disposición de las familias, y las y los dueños en afán de encontrar una salida consensuada. Hemos construido, junto con el Ministerio de Desarrollo de la Comunidad, el Ministerio de las Mujeres, y el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires, el instrumental de vuelo en tiempo récord. Hemos elaborado el diagnóstico y, sobre esa base, evaluado las diversas alternativas. 

No fue ni es una tarea fácil. Se trata de uno de los grandes desafíos que tuvo la Defensoría en sus diez años de existencia. Estamos preparados/as para enfrentarlo. Para eso nuestro organismo cuenta con un gran equipo multidisciplinario capacitado para atender las urgencias de quienes están en las tomas, plantear alternativas y vías de solución inmediata para los problemas que asedian a las personas. 

También para mediar entre las partes y generar una propuesta superadora que permita encauzar esta situación, y resolverla de una manera pacífica y respetuosa de los estándares vigentes en materia de derechos humanos. Nuestra posición, en estas y todas las tomas, es que hay que relocalizar en su lugar de origen a las personas, entendiendo la importancia de brindarles un techo que les permita llevar una vida digna en el presente y en el futuro. Asumimos, entonces, que el acto de relocalización es un punto de partida, no uno de llegada. De nada sirve abandonar a las personas cuyos derechos han sido vulnerados a su suerte. Hay que acompañar las trayectorias individuales y colectivas para continuar dando respuesta ante las distintas necesidades. Si no es bajo esta premisa, hay que asumir que el problema no estará resuelto. 

Creemos que la única manera de llegar a esto es con el diálogo, y con el diseño e implementación de políticas públicas orientadas a encuadrar el abordaje desde una perspectiva integral de derechos, que prescinda de la intervención de las fuerzas de seguridad. No puede ser considerado delito que las personas lleguen a la medida extrema de tomar tierras en circunstancias de extrema necesidad. Las y los propietarios, a su vez, deben comprender que no existen soluciones inmediatas, sino procesos largos que también demandan de su participación activa para alcanzar resultados sólidos. 

 No estamos en una situación dominada por la violencia, ni en medio de un fenómeno de tomas generalizadas, como a veces se pretende mostrar. Sí estamos ante una problemática urgente, que sólo se puede resolver si se apunta a una solución pacífica, coordinada y con respuestas a corto, mediano y largo plazo. Por esa senda caminamos.   

 * Guido Lorenzino. Defensor del Pueblo bonaerense. 

(Fuente www.perfil.com).